¿Hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo? l Ling Sepúlveda

24 / Nov / 15 - 22 / Apr / 16

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El busto de Faustino Miranda destinado a presidir un bello jardín tropical en Chiapas, nos permite observar la figura de un hombre que en apariencia poseía ese ánimo peculiar que permite la tranquila complacencia en el estudio de las plantas. Impresión proveniente quizá más de la rigidez del gesto de la efigie de metal, que del legítimo temperamento del doctor que planeó la recolección de los especímenes del jardín botánico del instituto de biología de la UNAM. Acaso la escultura que sirve a la memoria de un hombre muerto ya hace tiempo, también sirva para recordarnos el carácter intemporal de las cosas, más allá del sujeto que perece según su naturaleza orgánica, está el ser ajeno al pasado y al futuro, un ente que es en un presente perpetuo, sin distinción temporal de ninguna clase, para el cual el futuro y el pasado no difieren, como la izquierda y la derecha no difieren físicamente; el universo que actúa como un bloque estático que no cambia. Bien podríamos imaginar la corrupción totalitaria de la vida vegetal del Jardín Botánico, el espacio ganado por un desierto inerme, aniquilado por el incesante correr del fatigado cauce del río heracliteano. El busto igualmente podrá descomponerse en partículas volátiles que estarán disueltas en el orbe líquido del vaso universal, el hambre mundana que se alimenta en su cósmico deleite de permanencias triviales. Un vuelo hacia la esencia es todo, un huir de la inoperatividad de la materia en viaje aéreo hacia la médula de la noche atemporal. Una gota de rocío resbala por la tierna piel de un maguey, un árbol, movido por el viento, agita sus ramas en delicado temblor de destellos de sol entre las hojas, una pequeña rata husmea dentro de una bolsa de papas, una tortuga es abandonada por sus dueños en el estanque, crecerá, liberada de espacios estrechos de pecera, una cruz en medio de ese estanque, vida silvestre acogida bajo el seno de la bondad divina. Marta y Mauricio que inscriben el recuerdo de su amor perecedero en una piedra con inseguras letras hechas de corrector, el olor fétido de la ciénaga, laberintos intrincados de caducidad de podredumbre. Un árbol yace transversalmente sobre una barda, roto por el peso de su propio colapso, la barda tiene un graffitti deslavado del lado del jardín proyectado conscientemente. Como reminiscencia de la inadecuación de la organización metódica del follaje salvaje, la parte superior del tronco del árbol ha caído desde el lado de la reserva ecológica que crece silvestre con orden natural de alegre configuración indomesticada; un puente entre el ordenamiento artificial de los espacios naturales y la natural distribución azarosa del mundo. ¿qué sonido ha producido la caída de este cuerpo oscurecido por la lluvia y el relente? imposible conservar la música de la corrupción orgánica de este árbol, en tanto suceso incrustado en una cronología perceptual ¿mas sería posible salir de la temporalidad de los sentidos para observar indefinidamente un ser en su condición de ente estático atemporal? la respuesta se escurre entre las grietas del tronco y surge una tonadilla de sala de espera que se evapora antes de alcanzar la cavidad del oído. El cielo se nubla, y los olores que evocan otros jardines y el pavimento mojado, son despertados por una incesante lluvia, el mojado musgo sobre el tronco le otorga al árbol muerto una renovada apariencia de solemnes tonalidades, los hongos blancos en sus cavidades adquieren fosforescencias minerales de cuarzo, y bajo el tronco caído, el tiempo de espera de un elevador, limo, y la operadora que no responde la línea nunca; momentos de indiscernible sonoridad aplastada por la conciencia indiferente; explosiones de estrellas, tacones que se alejan entre las bancas de la iglesia, armonías secretas que niegan su propia transitoriedad al evadir la aprehensión consciente de los sentidos. 

—Oye, Verónica Gerber Bicecci Rolando Hernández Gudinni Cortina Mirna Castro Eva Coronado Ling Sepúlveda Gaspar Peralta Diego Martínez Colectivo Arte a 360 Grados Carmina Escobar Ana Paula Santana, ¿hace ruido el árbol que cae cuando no hay nadie para escucharlo? 


Sábado 29 de noviembre a las 12:20 hrs.

Curaduría Israel Martínez / TEP

Exposición potencial debajo de un árbol caído en el Jardín Botánico de la UNAM en el marco de la exposición colectiva "Milpa, ritual imprescindible".

SOMA

Calle 13 #25, Col. San Pedro de los Pinos, 03800 Ciudad de México